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jueves, 16 de noviembre de 2017

Vamonos con Pancho Villa cap 2


Tiburcio Maya, Máximo Perea, Melitón Botello, Martín Espinoza, Miguel Ángel del Toro, cinco hombres que se dicen rancheros, se unen a las fuerzas del jefe Villa. Llenos de orgullo y valor, los cinco rancheros piden hablar con el jefe Villa, pues aunque no comprenden a fondo las razones de la lucha, sienten que es importante formar parte del ejército del poderoso Centauro; se hacen llamar “Los Leones de San Pablo”. Después de conocer a Villa, los Leones son aceptados en el grupo armado con el rango de tenientes, incluso el mismo general bautiza a Miguel Ángel como, “Becerrillo”, dada su juventud. Inmersos en la batalla, forman parte de la poderosa División del Norte, que lucha en Gómez Palacio, así como en la avanzada hacia Torreón. Sin embargo la aparición de los dragones del general Reyna hiere mortalmente a Miguel Ángel, Becerrillo.

El Sentir de la Patria (México) DON MAURO E IGNACIO VARGAS (1)



MAURO VARGAS
(al centro, con su guitarra)
Nací el 15 de enero de 1907 en el pueblo de Tepalcingo, Morelos; soy campesino. Desde pequeño me gustó la cantada... Desde joven el gusto me encantó, me nació, ya que lo oía, y también empecé a tocar el bajo quinto y a cantar líricamente; mi escuela de música fueron las cantinas y los changarros de Tepalcingo, donde venía, y había cantadores como Juan Quevedo y Paulino Vergara.
En la feria venían otros señores de Huitzililla, Morelos, de Pitzotlán, Puebla, y en una ocasión vinieron unos siete cantadores de Olinalá, Guerrero, que lidereaba un señor Modesto Coronel, y todos ellos tocaban el bajo quinto muy bien... Se cantaba en la feria, donde se reunían en las cantinas y los changarros y puestos de hojas de alcohol; ahí había siempre bajos quintos, para que los pidiera el cantador que quisiera... A la llegada de los cantadores me ponía en la puerta a oírlos y a estarme fijando; yo veía cómo lo manejaban.
A mí nadie me enseñó, yo solo agarré el bajo quinto; mi hermano Agustín me enseñó la afinación y los tonos... Los poetas antiguos (o compositores) que más oí nombrar eran Juan y Refugio Montes, que tenían muchas historias cantadas; también se menciona a Fermín Aponte, del estado de Guerrero, y también morelenses como Genaro y Juan Zúñiga, Elías Domínguez, Epigmenio Pizarro, Federico Becerro y principalmente Marciano Silva.
En el año de 1922 llegué a vivir a Coahuixtla, Morelos y me empecé a reunirme (sic) para cantar con Ignacio Sánchez, José Valdepeña, Aarón Cabrera, teniendo como `segunderos' a Reyes Jaramillo (hermano de Rubén), a un señor de Zacapalco llamado Goyo Leana, y actualmente a mi hijo Nacho... A la feria que más asistí fue a la de Cuautla, pero también iba a San José, Tenextepango, Tlaltizapán, Jojutla.
Marciano Silva era un señor chaparrito, vestido como todo hombre humilde de esa época con calzoncito blanco -todos andábamos de calzón blanco-; vendía mercería en el antiguo mercado de Cuautla, tocaba siempre su bajo quinto; a veces lo acompañaba don Teodoro Carrillo; este señor únicamente era cantador. También conocí a Federico Becerra; era publicista, vendía sus cantaditas y las de otras gentes como Fausto Ramírez, Fermín Aponte, y claro que también las de Marciano Silva.
Antes, en Cuautla se acostumbraba cantar en cualquier esquina y en las esquinas del Zócalo, frente a la iglesia de Santo Domingo o en un costado del desaparecido hotel San Diego.
La satisfacción que me queda es el gusto, el placer de hacer amigos; mi vida ha sido la música, que me ha dado ese placer de tener muchos amigos; nunca lo hago por la paga, sino por el puro gusto de hacerlo, yo no digo que soy buen cantador pero todo el mundo lo dice.
Fuente:

Corridos Zapatistas. Corridos de la Revolución Mexicana. Volumen 2.
.Instituto Nacional de Antropología e Historia. Ediciones Pentagrama.
México, 2002. Texto adjunto al CD. Pags. 30 a 31.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Vamonos con Pancho Villa.

Miguel Ángel es un joven experto en armas, con buena puntería y excelente nadador. El capitán Medina sospecha de él, porque en una semana han sido abatidos 14 hombres que formaban parte de una guarnición que cuidaba el puente. Cada uno con un certero tiro de carabina 30-30. Ante los ojos de un fúrico capitán Medina, Miguel Diablo escapa nadando aguas abajo, a brazadas largas. Medina advierte que no solo no morirá un hombre más, sino que conservarán el puente intacto, reforzados con 10 mil hombres que traen consigo un enorme cañón llamado, “El Niño”. Para sorpresa de todos, una gran explosión